En Babia

Richard Posner es un importante magistrado de los Estados Unidos, colaborador de la llamada escuela de análisis económico del Derecho. Hace poco, el 23 de junio, analizaba en su blog el tema de los enlaces en internet (que nos permiten vincular una página con otra, por ejemplo, para citar una noticia de un periódico). Posner (un ferviente defensor del copyright) analiza la calamitosa situación comercial de la prensa escrita tradicional y lo tiene claro: hay que cobrar por los enlaces.

En primer lugar, estima que el coste marginal de la información periodística on-line tiende a cero (menudo descubrimiento) y que, vaya por Dios, hay gente que copietea los periodicos:

the marginal cost of providing content online is virtually zero, since it is the same content (or a selection of the content) in a different medium (…). Online providers of news who are not affiliated with a newspaper can provide links to newspaper websites and paraphrase articles in newspapers, in neither case being required to compensate the newspaper (el subrayado es mío).

Luego, realiza su gran aportación a la historia del disparate jurídico: extender las leyes de copyright a los enlaces, citas y paráfrasis de los periódicos (el párrafo es semi-incomprensible al final, pero el principio es claro como el agua):

Expanding copyright law to bar online access to copyrighted materials without the copyright holder’s consent, or to bar linking to or paraphrasing copyrighted materials without the copyright holder’s consent, might be necessary to keep free riding on content financed by online newspapers from so impairing the incentive to create costly news-gathering operations that news services like Reuters and the Associated Press would become the only professional, nongovernmental sources of news and opinion (el subrayado es mío).

Dicho de otro modo, las noticias también deberían tener derechos de autor (técnicamente hablando, se acabó el derecho de cita).

La resistencia de las generaciones más viejas al cambio no es nada nuevo. Thomas Kuhn, en su archiconocido libro La estructura de las revoluciones científicas mostraba cómo los científicos de más edad terminan suponiendo un lastre para la evolución de la ciencia: los privilegios académicos adquiridos, la rigidez mental o la negativa a abandonar el paradigma oficial son algunas de las causas que explican el problema. Posner (parte de la elite institucional e intelectual de la mayor potencia económica del mundo) pertenece a una generación que no comprende el mundo en el que vive, ni tiene posibilidad alguna de aggiornamento.

Su actitud revela, al mismo tiempo, que se nos ha estado estafando durante décadas: estuve años escuchando a los adultos que los jóvenes estudiantes no leíamos, que la cultura no nos interesaba o que veíamos demasiada televisión (la eterna monserga que tuvimos que tragar durante nuestra adolescencia), y ahora resulta que leemos demasiado (encima gratis), ya no vemos la tele (estamos colgados de internet todo el día) y devoramos cultura constantemente (sin pasar por caja). Era eso (lo de pasar por caja) lo que les inquietaba entonces (ya me extrañaba a mí que tuvieran tanto interés en mi formación cultural), y es eso mismo lo que les preocupa ahora.

A buenas horas nos enteramos de que la cultura era un medio, y no un fin, además de un monopolio: el de una clase social privilegiada que ostenta el poder sobre la información (the only professional, nongovernmental sources of news and opinion, extirpando la incomprensible jerga jurídica de Posner).

Si alguna tarea urgente tenemos los profesores es la de mostrar a los alumnos que ese monopolio ha desaparecido gracias a internet, y que no sólo podemos consumir cultura como quien consume refrescos, sino que también podemos producirla, que debemos tener la mente abierta para aggiornarnos, y que, como en toda buena revolución que se precie, el magister dixit está siendo socavado sin contemplaciones.

Por supuesto, he decidido no enlazar esta entrada hacia el blog del señor Posner (no vaya a ser que me quiera cobrar). La noticia la pueden leer (con citas y todo) en este otro sitio.

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3 comentarios

  1. Iznogud el infame said,

    6 julio 2009 a 12:10 am

    Curioso, curioso. Ou sexa, que antes, cando por non existir internet simplemente nos xuntabamos cos colegas na rúa, nun bar ou na casa para comentar noticias, comentar libros ou recomendarnos cousas una a outros estabamos a delinquir contra a propiedade intelectual, xa que, básicamente, iso é o que se fai en blogs, foros e similares cando se fai un enlace.
    Por outra parte, quédome coniso de que chega un momento no que xa pouco temos que aportar de novedoso. Confeso que esa é xa a miña situación. Considero que a administración debería concederme xa a xubilación, ou, a lo menos, nomearme delegado ou Director Xeral de algo.

    • iesonoies said,

      6 julio 2009 a 2:30 pm

      Por se non o sabías, o canon compensatorio xa o pagabas coas cassettes.

      • Iznogud el infame said,

        6 julio 2009 a 6:49 pm

        E, comparativamente saian moitos máis caras, levaba moito máis tempo copialas e a calidade da copia era peor, pero non había queixa.


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